18 dic 2022

31. Clases de aeróbic

Cuando le dije a mi amigo Pedro que me había apuntado a clases a aeróbic, me miró raro, cuando añadí que me había comprado unos pantalones de deporte cortos, una camiseta ajustada, una cinta para el sudor de la frente y unas muñequeras de algodón de color rosa, no tuvo reparo en desgañitarse en una carcajada mientras decía: 

—Joder tío, cada día estás más amariconao

—Ríete, pero no pasarán ni dos semanas y tendré la mitad de las tías del gimnasio intentando ayudarme a salir de la crisis de identidad en la que estoy inmerso

—Estás como una regadera, te tomarán por lila y se apartarán de ti como los gatos del agua caliente

—Que va, me mostraré amable, cuando me hablen prestaré atención, me preocuparé por sus cosas, recordaré los detalles de lo que me digan, verán que estoy pendiente, mi actitud reflejará a un hombre sensible, cuidadoso, detallista, eso despertará en ellas sensación de confianza y su instinto de protección hará que quieran cuidarme, ampararme y salvarme de un mundo que no es el que me corresponde a pesar de mi confusión, seguro que a las primeras de cambio se acercarán a peinarme si me ven el pelo alborotado

—Tu sueñas, no te harán ni caso

—Iré todos los días recién afeitado, la manicura bien hecha, me pondré crema hidratante en la cara, ellas tienen un especial olfato para esos productos, un perfume al límite de la ambigüedad, el pelo bien cortado, una peluquería unisex que hay en el barrio me vendrá como anillo al dedo. Los movimientos los haré ligeramente amanerados, simularé una torcedura de tobillo y exageraré el dolor, cuando se acerquen a ayudarme me dirán “pobrecito, ¿te duele?”, diré: “mucho, cariño”, entre sollozos dejaré escapar unas lágrimas

—Estás como una puta regadera, tío. Además eres un presuntuoso

—Que va, no es más que la constatación de la realidad


Se quedó mirando meneando la cabeza de un lado a otro convencido que sus sospechas que se me había ido la olla se habían confirmado, pero ahora, pasado poco más de un mes, mi amigo Pedro anda todas las tardes dando saltos aeróbicos con unas muñequeras de color rosa y embadurnado de crema hidratante hasta las cejas. Ayer, tomando unas cervezas en la terraza de un bar, me dijo: 

— Eres un genio, cariño, — a lo que le respondí: 

—Guárdate lo de cariño para las chicas de la sala de aeróbic, que te estás amariconando


JM Paredes

 

30. Atrapar el autobús

Salí del centro comercial a eso de las ocho de la noche, con un poco de prisa porque se me hacía tarde, hacía un frío de mil demonios y tenía ganas de llegar a casa cansado de todo el día, para colmo había ido a comprar algo y no encontré lo que buscaba, con lo que volvía de mal humor


Justo al salir veo el autobús, el número L12, en la parada, aligero el paso a ver si lo puedo coger, pero por unos segundos se me escapa, el mal humor se me convierte en rabia, veo que el semáforo está en rojo y pienso que me da tiempo a alcanzarlo en la próxima parada, no tengo ganas de esperar los quince o veinte minutos que tardará en llegar el siguiente, cuando creo que lo voy a alcanzar, el semáforo se pone en verde y el autobús emprende su camino, de la rabia, sigo corriendo pero va demasiado rápido, gira la calle y pienso que lo alcanzaré, cuando llego a la esquina, lo veo que sigue su camino, no lo he podido alcanzar por unos segundos. Jadeante, más cansado y con frío, me siento en la parada a esperarlo, no paro de lamentar mi mala suerte


Voy dejando pasar el tiempo esperando al siguiente, después de un buen rato, ya muerto de frío y como me aburro empiezo a mirar por curiosidad el móvil, cuando me doy cuenta, el autobús L12, pasa sin parar, como no le he avisado y no me ha visto, no ha parado, la rabia pasa a ser mala leche, estoy por lanzar el móvil contra el suelo y pisotearlo, tengo que esperar otros quince o veinte minutos al siguiente, maldita sea mi estampa. Me meto el móvil en el bolsillo y sin parar de maldecir no aparto la vista de la dirección por la que ha de venir el siguiente


Después de unos veinte minutos veo que gira el autobús por la esquina, sí es el número 14, menos mal, le hago señales para que pare, pero pasa de largo sin detenerse, ahora sí que me cabreo, me pongo a dar botes de rabia en la parada, maldiciendo al conductor y en el santoral al completo. Cuando logro tranquilizarme un poco, veo un cartel que dice que esa parada está anulada, que la nueva parada está al girar la siguiente esquina a unos 200 metros más adelante, así que no me queda más remedio que ir a la parada, sigo andando y en una rotonda veo que se para un autobús, sí, es el L12, me lanzo a correr para intentar cogerlo antes de que se vaya, con el día que llevo, seguro que lo pierdo, pero no, por fin, llego a tiempo y me subo, menos mal


Después de un momento me doy cuenta que el autobús es el correcto pero el que va en sentido contrario, maldita sea mi estampa, me cachis, la mala leche que me entra no tiene nombre, aprieto los dientes por reprimir un grito de rabia y de dolor, la señora de al lado creo que se apartó asustada


Me bajo en la siguiente parada para coger el de regreso, allí estaba casi una hora después, de nuevo en el Max Center esperando el L12 de regreso a casa


JM Paredes

29. Una imagen especular

Suena el despertador, me levanto y veo mi imagen reflejada en el espejo del dormitorio, lo mismo sucede al pasar junto al del salón y de la misma manera en el del baño, me miro a través de él y me veo a mí mismo, exactamente igual, sin embargo hay una diferencia que pasa desapercibida y en la que no solemos reparar. Al otro lado del espejo no todo sucede exactamente igual, en realidad lo más exacto es decir que todo sucede exactamente al mismo tiempo pero nada es igual. Cuando frente al espejo levantas tu mano derecha, tu reflejo es la izquierda la que alza y cuando te vas, tu imagen te sigue pero si tu lo haces hacia tu izquierda, la imagen lo hace hacia su derecha. Suponemos que es un reflejo, tan cotidiano y normal que ni siquiera reparamos en ello


Lo que no parece más que un reflejo en realidad es una vida paralela que fluye idéntica a la nuestra pero en la que todo sucede al revés, si tropiezas con una piedra en un camino, en ambos lados te hará caer, pero la herida que te deje estará justo al revés. Los espejos son el punto de conexión entre ambas vidas, son los vértices donde convergen y por lo tanto donde se encuentran


Lo que a continuación voy a contar no se aleja de la verdad, lo he aprendido por mí mismo, te lo puedo asegurar. Un día, sin razón ni motivo aparente me sucedió algo que encontrarás sorprendente. Quedé tan desconcertado, perplejo y desorientado que me costó reaccionar, lo que voy a relatar cuesta imaginar, pero si no lo crees, si dudas o desconfías tú mismo lo puedes comprobar, ponte frente a un espejo, mírate y verás, tu imagen hace exactamente lo mismo, bueno, en realidad nada es igual, muéstrale un papel, inténtalo leer, no podrás, las letras están... al revés. 


Me afeité, me limpié la cara, me sequé, de nuevo me miré a los ojos para verme a mí mismo antes de salir y vi a través del espejo cómo me daba la vuelta. Durante una fracción de segundo no encontré nada anormal, pero... al cabo de un instante me estremecí, ¿cómo podía ver mi propia espalda reflejada en el espejo?, ¿cómo podía verme ir?, ¿cómo mi imagen se daba la vuelta sin mí?. Un latigazo me recorrió hasta la nuca y un escalofrío el cuerpo entero, ¿qué estaba viendo?, ¿irme a mí mismo?. Mi imagen salió del baño y yo me quedé allí, boquiabierto, con la luz apagada, sin a penas respirar, confuso, desconcertado


Puse la mano sobre el espejo y lo atravesó, pasó al otro lado, un nuevo estremecimiento casi me hace perder el sentido, pero no me detuve, pasé mi brazo, no lo pensé más, me apoyé en el mármol del lavamanos y salté al otro lado, salí al pasillo y allí estaba yo, de espaldas andando hacia la puerta de salida, el pasillo era idéntico, pero todo estaba al revés, la puerta de la cocina estaba a la derecha, las fotos colgadas en la pared del pasillo, al revés. Me costó pronunciar las palabras, pero levanté la voz y dije ‘Hola!’, en ese momento, me giré, es decir la imagen que había abandonado mi baño sin mí, se giró, me miró y lo más sorprendente, no se sorprendió

— Hola, — Me replicó 

— ¿Cómo que hola?, ¿hola?, así ¿sin más?, ¿no te sorprende?, ¿te parece normal? 

— ¿Qué es lo que me tiene que sorprender? 

— Eres mi reflejo, te has ido sin mí, estamos hablando ¿te parece normal? 

— Perdona, yo no soy tu reflejo, tú eres mi reflejo, tú eres quien está al otro lado del espejo, tú eres el que copias mi vida, el que me sigues allá donde vaya

— ¿Yo?, pero qué estás diciendo, esta vida es mía, tú simplemente eres el reflejo en un cristal, no existes, no eres más que una imagen especular, luz que choca con un espejo y se refleja

—Los del otro lado sois egocéntricos, pensáis que el mundo se mueve alrededor vuestro, que controláis vuestra vida, que hacéis lo que queréis, que sois libres de moveros y de ir a un sitio y otro, pero te diré una cosa, ni siquiera sabéis porqué os movéis, ni dónde vais, simplemente vais sin más, vosotros sois el reflejo

— No lo puedo creer, no es verdad, me estás engañando, tú eres mi reflejo, tú sigues mis movimientos, tú te mueves cuando yo me muevo

— Pobre iluso, ni siquiera te das cuenta que nada de lo que haces es por ti mismo, crees que es por tu voluntad, crees seguir tus pensamientos pero no haces más que deambular de un lado a otro sin saber porqué


Cuando pones tus dedos en un espejo, no estás tocando un delgado cristal tras el que hay una fina capa de plata reflejante, lo que tocas son los dedos de tu otro ser, que habita tu misma vida en el mismo instante pero que se mueve al revés. En realidad ambas partes son un reflejo, ninguna de ellas se mueve por sí misma, ambas están en lo cierto y ambas equivocadas


JM Paredes

28. A contracorriente

Intuía que algo extraño sucedía, pero no sabía qué, sin duda estaba empezando a sentir algo diferente. Miré a mi alrededor y vi lo mismo que había visto durante toda mi vida, un océano inmenso de agua, oscuridad y profundidad hacia abajo, claridad arriba, aunque algunas veces también aparece oscuridad arriba, nunca había sabido por qué, tampoco me importaba, ni siquiera me lo había preguntado


Miro a los lados y lo encuentro todo habitual, veo otros peces surcando las frías aguas, todos seguimos la misma dirección y cambiamos de rumbo al mismo tiempo, nos guiamos por nuestro instinto, sin preguntarnos por qué, con los ojos bien abiertos pero sin mirar nada en concreto, simplemente atentos a los peligros que nos acechan y que sobreviene repentinamente desde cualquier lugar. Llevo bajo el agua durante toda mi vida, pero no me cuesta respirar, mi cuerpo está adaptado a las profundidades, me alimento de otros peces más pequeños que encuentro en mi camino y permanecer vigilante procurando no ser el bocado de otro mayor, es algo natural, siempre ha sido así, y así seguirá siendo


Estaba empezando a sentir conciencia de mí mismo, hasta ahora había vivido sin tener ninguna sensación, simplemente el tiempo iba transcurriendo y todo me parecía normal, todo era como debía ser. Repentinamente un destello ha recorrido mi interior seguido de una fugaz visión que me ha hecho ver unas imágenes que no tienen nada que ver con este mundo submarino pero las reconozco como propias, son imágenes vividas de un mundo diferente que ahora me resultan extrañas, pero estoy empezando a asimilarlas y a descubrir que empiezan a resultarme familiares, son destellos en los que me veo a mí mismo, no con un cuerpo resbaladizo, lleno de escamas y adaptado a las profundidades sino como lo que he sido antes. Empiezo a comprender pero me niego a reconocer


Noto que otro pez igual que yo al que no recuerdo haber visto antes se mantiene nadando a mi lado y no se separa de mí, no deja de mirarme, me sonríe y hace un gesto como queriendo decir algo pero en el último momento se retrae, yo simplemente miro pero sin decir nada, espero que sea él el que me diga algo puesto que yo no tengo nada que decir, después de un tiempo se aproxima y empieza a hablarme, se dirige a mí con naturalidad como si me conociera, su forma de expresarse me resulta familiar 

— Hola, no me recuerdas, ¿verdad?, — me dice con toda tranquilidad 

— No, lo siento, ahora no te recuerdo 

— Llevo un buen rato a tu lado esperando que te dieras cuenta de quien soy 

— Pues lo siento, pero ahora mismo no sé quien eres, aunque me pareces familiar, eso sí, pero no termino de saber porqué 

— Deberías haber empezado a sentir cosas extrañas que no sabes a que se deben, dentro de poco empezarás a ver más claro, a comprender, empezarás a tener visiones que te aclaran quién eres y pronto también empezarás a comprender quién soy yo y qué hago aquí. Creo que te llevo algo de ventaja, lo que tú empiezas a sentir ahora, yo lo llevo sintiendo desde hace algún tiempo, no quiero adelantarte nada por no confundirte, quiero que te des cuenta por ti mismo

— Estoy un poco aturdido por lo que me dices, lo cierto es que no me resulta extraño, tengo la sensación que te comprendo

— Pronto lo sabrás, ahora de momento, déjame que nade a tu lado, quisiera estar contigo cuando te des cuenta de lo que pasa

— Sí, me siento cómodo a tu lado, por favor no me dejes, continúa conmigo


Pasamos bastante tiempo nadando juntos, de vez en cuando me miraba y sonreía, me hacía muestras de cariño y comprensión, en algunas ocasiones yo le devolvía la sonrisa, en otras simplemente la miraba sin decir nada. Después volvió a dirigirse a mí

— Vamos a poner a prueba lo que sientes, yo, ahora, me voy a mezclar con el resto, ves que hay cientos, quizá miles de peces idénticos a nosotros, difíciles de identificar individualmente, después nada entre ellos, pasando junto a todos


Dejé pasar un rato, no sabía qué era lo que quería decirme, pero hice tal como me dijo, me fui mezclando entre los demás, pasando junto a ellos sin sentir nada, pero inesperadamente, al pasar junto a uno de ellos sentí una fuerte atracción, una sensación familiar pero que ya no recordaba, el pez no miró, me dio la sensación que fingía no conocerme, aunque yo estaba seguro que era el mismo de antes, no cabía duda, así que me acerqué y le dije: 

— Hola 

— Hola, — me contestó 

— Al pasar junto a ti he sentido una intensa atracción, que me es familiar, ya la había sentido antes, no cabe duda que eres tú, eres quien se dirigió a mí hace un rato. No puedo saber las causas, porque aparentemente todos somos iguales, indistinguibles unos de otros, sin embargo siento algo diferente al acercarme a ti, existe una conexión contigo

— Sí, es la misma conexión que sentí yo al pasar junto a ti, después me fueron viniendo visiones de un mundo anterior, de una vida anterior, nuestra conexión proviene de nuestra anterior vida y nos ha seguido a esta, debíamos encontrarnos en la próxima vida que es precisamente esta

— Pero, en las imágenes que me vienen a la mente no somos peces, somos diferentes

— Sí, en nuestra vida pasada éramos personas, compartimos la mitad de un mismo alma pero las circunstancias de la vida nos impidió juntarlas, por lo que la unión quedó a la espera de la siguiente vida. Estábamos seguros, pero sin imaginar que nos reencarnemos en seres diferentes

— Una mala jugada del destino, entonces 

— Nada de eso, las mitades de las almas que no logran unirse como personas, deben hacerlo en las profundidades del mar, como pago a la cobardía de no haberlo hecho cuando se reconocieron, una vez unidas, se mantendrán así para siempre en las sucesivas reencarnaciones como personas, es como se ha establecido y es así como sucede

— No se porqué, pero no me resulta extraño, lo encuentro natural

— Es que es completamente natural, siempre ha sido así


Nos mantuvimos unidos durante toda la travesía del océano, duró muchos cambios de claridad a oscuridad. Un día llegamos frente a la desembocadura de un río, por el que me sentí obligado a ascender

— No puedo seguir, mi camino es éste, — le dije 

— Pero, ¿por qué? 

— No lo sé, no depende de mí, simplemente mi brújula me obliga a ascender el curso de este río

— En ese caso, nos tenemos que separar, yo debo seguir el mío 

— Por qué no me acompañas, ¿no deberías seguir mi camino? — le dije 

— Mi brújula me dice que éste no es mi camino — me contestó 

— Nuestras brújulas nos están poniendo a prueba, nos dicen que debemos separarnos de nuevo, pero nuestras almas sólo se unirán si tomamos el mismo camino contraviniendo lo que marca nuestro instinto


La suposición resultó acertada, fue la última prueba que tuvimos que superar, ambos emprendimos un camino diferente al que nos indican nuestras brújulas, pero juntos. En ese momento sentimos como nuestras almas se unían y volvían a ser una sola que perdurará para el resto de los tiempos, al fin se encontraron y vuelven a estar juntas tal como ya estuvieron una vez


Varias vidas más como personas han transcurrido y seguirá siendo así indefinidamente hasta que todas y cada una de las mitades de las almas esparcidas por el mundo queden de nuevo unidas como lo estuvieron en el principio de los tiempos cuando Dios puso a prueba su más maravilloso designio, otorgar a los humanos, para volver a juntarlas, la gracia del amor


JM Paredes

27. Laura, pareja de baile


Desde el primer momento supe que asistir a la academia de baile me traería problemas, sabía que mi debilidad unida a esa incomprensible atracción que sienten las mujeres hacia mí, me metería en más de una dificultad, como así ha sido, pero no por ello he dejado de asistir a las clases, ahora ya puedo decir que comienzo a dominar el baile de salón al tiempo que empiezo a dominar la situación

Mi debilidad radica en que no sé decir que no, lo intento con todas mis fuerzas, pero la palabra "no", es incapaz de salir de mi boca, cuando intento decir "no", me sale "estaba deseando" o "lo que tú digas" o "claro que sí" y eso no es bueno, porque suele arrastrarme irremediablemente a un lugar, el dormitorio de una mujer. Creo que me han cogido el número y se ha establecido una carrera desenfrenada por ser la siguiente de arrastrarme a su cama 

Todo empezó el primer día, en la primera clase, fue ahí donde quedó en evidencia mi debilidad, donde perdí el timón y cuando me vi abocado a esta locura. Las clases habían comenzado un par de semanas antes, pero me dejaron incorporarme al grupo, en total unas treinta personas, la mayoría mujeres, por lo tanto las parejas de baile la suelen formar parejas de mujeres y pocas se forman con hombre y mujer. Como es obvio, al incorporarme siendo hombre, fui recibido con júbilo, al presentarme la profesora fui recibido con un aplauso, incluso algunos silbidos del tipo piropo y creí escuchar hasta un "macizo", pero en ese momento creí que podría haber sido mi propia imaginación, aunque más tarde una dama me confesó que fue ella quien lo dijo, pero ya llegaremos a eso, porque tema hay para un buen rato

La profesora me dio unas primeras explicaciones, que fueron en principio suficientes y acto seguido me ofrecieron como pareja, se levantaron casi todas las manos, la profesora nombró a una, "Laura", y Laura se acercó sonriente como si le hubiera tocado una cesta de navidad, no le di más importancia, me presenté "me llamo Jose, es un placer ser tu compañero de baile", ella respondió "el placer es mío", esa misma tarde el placer fue de ambos

Empezó a sonar la música y Laura se acercaba, para mi escaso entender, más de lo que el propio baile requería, yo miraba a las demás parejas y a mi juicio no se acercaban tanto, en realidad no apretaban el pubis contra el otro como lo hacía Laura. Tengo que decir que soy débil, sobre todo en el tema éste del cosquilleo en el vientre, no sé qué me pasa, pero soy propenso a sentirlo con la mínima, y es que es sentir el cosquilleo y perder la voluntad es todo a uno, pierdo el dominio de mí mismo y quedo expuesto a los elementos. La música seguía sonando, Laura, moviéndose como una danzarina del vientre, la luz atenuada, el olor a perfume, el carmín en los labios y un elocuente "¿vienes a mi casa?", yo, Jose, el débil, ¿iba a decir que no?, lo pensé, pero de mis labios salió "yo voy contigo al fin del mundo"

Laura, lo modosita que parecía cuando se acercó sonriente al llamarla la profesora para ser mi pareja, cuando me llevó del brazo hasta su portal, me arrastró escaleras arriba hasta su piso, abrió la puerta, me estiró hacia dentro, se abalanzó sobre mí y me mordió los labios, me sacó literalmente la camisa y no sé cómo me tiró sobre su cama, os puedo asegurar que Laura, Laurita, se convirtió en un vendaval que yo mismo, alguien que no le pillan de nuevo en según qué cosas, me vi sorprendido y no pude hacer otra cosa que dejarme llevar por el remolino del ciclón, tengo que reconocer que los primeros muerdos a boca abierta después se convirtieron en dulces besos y en adorables mimos, que todavía hoy me dan escalofríos cuando los recuerdo

Un beso Laura, tú me diste todo lo que habías guardado, según me dijiste al oído después, expresamente para mí y por ello siempre te estaré agradecido y siempre guardaré un rinconcito en mi corazón para ti

JM Paredes

26. Mantis Religiosa


Cuando en la oficina de asignación de vidas me dijeron que lo único que quedaba disponible era de Mantis Religiosa tuve una mala sensación, pero estaba tan aburrido de mi situación que la impaciencia no me permitió esperar a que saliera algo mejor y acepté. En el purgatorio las cosas van tan lentas que te puedes morir esperando

El alma que custodiaba las vidas, me miró incrédula mientras colocaba la punta del bolígrafo en la casilla de “Acepta”, esperó unos instantes mirándome suponiendo que me iba a arrepentir, pero no cambié de opinión, estaba decidido a abandonar ese lugar cuanto antes y fuese como fuese, le hice un gesto áspero para que marcara de una vez la casilla. Me preguntó: 
Eliges macho o hembra 
—Macho, por supuesto — le respondí con toda la convicción

Negó con la cabeza mientras se le escapaba una ligera sonrisa de los labios y con la misma aspereza marcó la casilla, me dio a firmar y firmé sin más, desde ese momento me convertí en Mantis Religiosa macho y repentinamente aparecí en un paradisíaco jardín repleto de flores e insectos varios

Después de la aburrida eternidad pasada en el purgatorio tenía los niveles del instinto reproductor por las nubes por lo que me encaminé decididamente en la búsqueda de un congénere hembra para satisfacerlos. Entre tanta variedad me fue fácil encontrar una hembra con la que reproducirme, pensé “qué fácil, esto es jauja, voy a repoblar el jardín de descendencia” 

Lo que pasa es que la cosa no resultó exactamente como pensaba, puesto que desconocía que las Mantis hembras empiezan a devorar al macho durante la cópula y se lo terminan de comer después, yo, distraído por el ansia reproductiva cuando me vine a dar cuenta ya estaba casi comido. Entonces pensé “tendría que haber elegido hembra, y ahora estaría tan ricamente poniendo huevos”, pero bueno, uno tiene sus principios y en fin 

Así que no había pasado ni media hora que volví a encontrarme en el purgatorio a la espera de nueva vida. Ahora que no me callé con el alma asignadora, con cierto cabreo le dije: 
Podrías haber avisado 
—Podrías haber preguntado, — me respondió 

La miré resoplando y me senté a esperar que se yo el tiempo, se te hace interminable, días, años... yo que sé, lo que estaba seguro es que quería algo mejor, así que esperé. Pasado un tiempo, el alma asignadora me llamó, así como para que los demás no se enteraran y en voz baja me dijo: 
Tengo vidas disponibles, son de persona, ¿te interesa? 
—¿De persona?... ¿Se devoran? 
—No, las personas no se devoran 

Acepté no muy confiado, porque esa alma creo que me tenía un poco de manía, me volvió a preguntar si elegía macho o hembra, ya que no se devoran elegí macho. Firmé y aparecí repentinamente en el mismo jardín, pero esta vez de persona macho, así que continuaba con las mismas ansias reproductoras que no había podido satisfacer en la efímera vida anterior. Miré alrededor y estaba a reventar de congéneres hembras, después de dos eternidades seguidas es fácil imaginar cómo tenía las hormonas de agitadas

Empecé a andar y a ver hembras por todos lados, me decía yo mismo “esta... esta... esta”, daba unos pasos más “no, no, esta... esta... esta” y a cada paso que daba más atracción iba sintiendo hasta que mirando a los lados me di de bruces con una hembra cuya voluptuosidad no imaginaba que pudiera darse en la especie y me dije “ya está, ni un paso más”

Con las dotes que la madre naturaleza tuvo a bien otorgarme no me fue difícil seducir a la hembra para que quisiera compartir conmigo el apareamiento reproductor que el instinto genético me había inculcado, tuve que dar algunos rodeos para no caer en situaciones anteriores, así que me dije “la voy a invitar antes a cenar, por si acaso, no me gustaría llegar a la cópula con la hembra hambrienta”. Fuimos a cenar, procuré entretenerla, divertirla, animarla para que fuera comiendo lo máximo posible, un poquito de vino, unas velitas. Una vez que me pareció que estaba satisfecha de comer, le dije que si íbamos a su casa porque deduje que allí lo haríamos mejor, ella dijo “vale” 

Así que en un santiamén nos encontrábamos a los pies de su cama. Pensé “¿y ahora, qué hago?”, y me digo a mí mismo “mejor me dejo llevar, a ver como va esto”. La hembra empezó a desnudarme, yo hice lo mismo, cuando ya estábamos desnudos a los pies de su cama, me lanzó un bocado a los labios, que si no los aparto... me dio un empujón y caí de espaldas sobre su cama, permaneciendo con los pies todavía en el suelo. Ella se me abalanzó de nuevo para morderme la boca, pensé “ya verás...”, y empezó a pasar sus labios y lengua por mi cuello y mi pecho, fue bajando por el vientre, tengo que reconocer que la sensación era agradable, por lo que eché la cabeza hacia atrás y cerré los ojos, creo que no le sentó bien el vino, porque se puso como excitada, jadeando y suspirando, noté que cogió mi órgano reproductor con la mano y al momento noté como una placentera sensación, levanté la cabeza para mirar y me espantó lo que vi, ¡había puesto mi órgano reproductor completo dentro de su boca!, “¡Dios mío...!”, pensé. Di un rápido estirón y afortunadamente todavía lo tenía entero, por suerte aún no había llegado a morder... Agitado le dije “¿Te gustaría que yo hiciera lo mismo?” y va y me dice “Vale”, entonces pensé “por Dios en qué especie he ido a caer

Y bueno, ya me he ido acostumbrando, al parecer su intención no era la de devorarme durante la cópula, pero todavía a día de hoy no me fío mucho

JM Paredes

25. Desencuentro en la estación


Las cosas más inverosímiles pueden suceder, basta con un leve empujón del azar para que los caminos se crucen y cambiemos de uno a otro sin darnos cuenta, esto que os voy a contar es rigurosamente cierto puesto que lo he vivido yo mismo. Me llamo Jose, como verás, no pongo el acento en la e, parece algo sin importancia, pero en parte es donde radica el quid de este relato, al menos sí tiene algo de relevancia como se podrá comprobar 

Había quedado en recoger en la estación a Ana, no la conocía personalmente, pero habíamos charlado muchas veces. Somos adultos por lo que, por qué no..., la vida nos debía pasar unos días juntos y conocernos, la vida es tan corta y el tiempo pasa tan rápido... 

El tren llega con un poco de retraso, en realidad con casi 20 minutos por lo que ya estaba un poco nervioso, al fin llega, la gente se acumula esperando en el vestíbulo, y los que bajan, lo hacen apresuradamente, la espera se ha hecho larga, acostumbrados últimamente a la puntualidad de los trenes, ahora por 20 minutos parece que se nos va la vida entre las manos

En la distancia veo a Ana, está buscándome alzando la cabeza e inspeccionando a todo aquel que le parece que puedo ser yo, ambos hemos quedado que llevamos cazadoras blancas para reconocernos mejor, al fin nuestras miradas se encuentran y nos dirigimos el uno al otro. Ambos decimos nuestros nombres para reconocernos 
¿Eres Ana? – le pregunto mientras me acerco 
Sí, tú eres José – me pregunta al mismo tiempo, aunque le he dicho mil veces que no es José, sino Jose, pero bueno, los nervios del encuentro... 
Encantado de conocerte Ana, eres muy guapa, me alegro mucho que hayas podido venir y conocernos — me acerco a su mejilla y le doy un par de besos para romper el hielo
Yo también me alegro, tenía ganas de conocerte, tú también me pareces guapo — me dice, bueno, los halagos no vienen mal, pero ella sí que es guapa 
¿Quieres que vayamos al Hotel a dejar tus cosas y refrescarte si te apetece? 
Bueno, José, tantas horas en el tren me apetece una ducha — no está mal, pero ¿otra vez José? en fin, a ver si después de la ducha le refresco la memoria

Después de la ducha, parece que la cosa está un poco más relajada, unas miradas insinuantes, unos besos y unas caricias, pero... ¿otra vez José?... ahora ya me veo obligado a rectificar, incluso con riesgo a que la cosa se tuerza un poco. 
Ana, cariño, es Jose, sin acento, no José — le digo con toda la delicadeza con que soy capaz a fin de no incomodarla
Pero, si siempre me has dicho que eres José, cuantas veces te he llamado Jose y me has rectificado, me decías que te sonaba a diminutivo, que tu nombre es José — y además parece convencida 
Como que José, pero si siempre te he dicho que soy Jose, sin acento, que me parece más familiar, más cercano, José me parece demasiado serio

Estoy empezando a notar algo un tanto extraño, la forma de hablar de Ana y las expresiones que dice no me resultan familiares, en un primer momento pensé que era debido a los nervios del encuentro, pero después de la ducha y que hemos roto un poco el hielo, lo de José, me resulta raro. De repente, me recorre un flash por la mente, como un latigazo... arqueo un poco las cejas y me digo, ya verás... Cojo el móvil y llamo a Ana, espero unos segundos y no veo que suene el teléfono en la habitación, aunque me da tono, después de un momento oigo a Ana contestando, pero Ana está de pie junto a mí, mirándome con expresión de sorpresa
Hola Jose! — me contesta Ana por el móvil 
Hola, cariño, ¿dónde estás? 
Pues aquí, en el Hotel, contigo 
Ya, y... ¿me ves que esté hablando por el móvil? 
No, estás de pie mirándome con cara rara 
Ya, y si estamos hablando, cómo es que no tengo el móvil en la mano 
Porque, ¿tienes manos libres? 
Y... muevo los labios? 
No 
¿Y eso? — le pregunto 
¿Eres ventrílocuo? 
No cariño, no soy ventrílocuo 
¿Entonces? 
Entonces, nos hemos equivocado de pareja, ese tipo que tienes delante, se llama José, pero es otro, yo soy Jose, sin acento
Pues ya me parecía a mí un tipo raro — me dice con bastante calma 
Sí, ya me lo imagino, ¿te parece si cambiamos las parejas y vamos cada Jose con su Ana? 
Vale... porque este tipo no me gusta nada 
¿Es demasiado tarde? — le pregunto 
Son las siete
No, cariño, no te pregunto la hora, sino si es demasiado tarde... 
Ah... no, que va, es que este tipo no me gusta 

Bueno, espero que yo le guste más, pensé. La verdad es que la Ana que tenía en la habitación, que no era mi Ana, estaba bastante bien, le expliqué la confusión y me dijo algo así como que vaya, ya que estábamos..., pero no me parecía justo. Empezó a recoger sus cosas y vi que se le cayeron del bolso unas ramitas al suelo
¿Y esas ramitas? 
Son de canela 
¿Y para qué las llevas? 
Pensaba ponerlas en la bañera para darnos un baño con ellas esta noche, tienen un efecto afrodisíaco muy intenso 
No lo sabía — dije con cara de bobo 

Empecé a pensar que si no me habría precipitado con el cambio. Después supe que sí, que soy un bocazas, pero bueno, son cosas que pasan. Seguro que le sentaron bien las ramitas de canela al otro José

Pasaron unos días y no lo pensé mucho, fue un impulso, cogí el teléfono y marqué el número que me dejó la otra Ana apuntado
¿Diga? — contestó al cabo de unos instantes 
Hola Ana, cómo estás, soy Jose, sin acento, ¿me recuerdas? 
Claro, como olvidarlo, me alegra escucharte, ¿cómo estás? 
Bien, espero que tú también. Me quedé intrigado con lo de la ramita de canela, ¿es verdad lo que dijiste? 
—Claro, ¿por qué lo preguntas? 
—Me quedé algo inquieto, no sabía hasta qué punto hablabas en serio 
—Hablaba completamente en serio, pero ¿y este interés repentino? 
—Cuando lo dijiste, primero me sorprendió, después sentí curiosidad y lo he recordado durante este tiempo, me preguntaba si sería tan intenso como creí entender 
—Pues sí, es intenso tal como creíste, aunque hay que saber prepararlo, no es simplemente poner las ramitas en el agua
—Ah, ¿no?
—No, es todo un proceso, un ritual del que las ramitas de canela son sólo una parte. Me da la sensación que estás muy interesado
—Desde luego, está empezando a apasionarme, en realidad creo que ha empezado a obsesionarme
—Es el primer paso, ¿quieres que te hable del ritual?, te advierto que es para iniciados
—Por favor, te lo agradecería
—Muy bien. El deseo es algo latente más o menos acusado, sin embargo, hay diferentes grados sobre todo en cuanto a las sensaciones, fácilmente se puede subir un escalón más, es cuestión de estimular los sentidos, es eso lo que desencadenan algunas sustancias a las que llamamos afrodisíacas. El efecto sólo se consigue si es iniciado por un proceso que lo active 
—¿Quieres decir que es todo una cuestión mental? 
—Por supuesto, los afrodisíacos sólo son efectivos si estás predispuesto, es decir, si esperas que funcione, es tomar conciencia de hacia dónde te conducen y sobre todo debe ser compartido, es decir, es una preparación de complicidad
—Donde radica el secreto, ¿en la preparación?
—Se comienza imaginando, compartiéndolo, preparando los detalles incluso los más pequeños, después llega el momento ansiado, la preparación del baño, el agua caliente, la canela disuelta, la luz apagada, iluminándose con unas velitas distribuidas por el baño, una música romántica de fondo, un mojito previamente preparado con cariño, una pizca de ron, lima, agua con gas, unas hojas de menta, hielo picado, algo de canela por encima, unas palabras cariñosas, unas caricias en un cuerpo iluminado por la temblorosa luz de las velas, un abrazo, unos besos en el cuello, unas palabras dulces en el oído, un roce en los labios, los cuerpos empiezan a excitarse, las caricias continúan mientras te vas introduciendo en el agua caliente, la luz de las velas ilumina el vapor que sale del agua, el olor de la canela mezclado con el de la cera empieza a flotar en el aire, la piel toma una textura diferente, se convierte en resbaladiza, el cuerpo queda impregnado de su olor y los labios fríos con el sabor de la lima, la menta y la canela, realmente es un momento maravilloso. Los besos cada vez son más apasionados, es cuando comienza la verdadera excitación de los sentidos, la piel se sensibiliza de tal manera que cada roce produce un escalofrío de placer, cada beso más excitación. Los cuerpos se aprietan en el agua, la piel resbala, los órganos se sensibilizan hasta producir un orgasmo con una simple caricia
Me lo puedo imaginar — respondí
Puedes hacer algo más que imaginarlo 
—¿Me estás proponiendo compartirlo? 
—Eres muy perspicaz Jose

JM Paredes

24. La amante de la amante

Le quise dar una sorpresa presentándome en su casa sin avisar, pero el sorprendido fui yo, al entrar en su habitación guiado por unos gemidos que se escuchaban desde el salón. Presté un momento de atención y después de unos segundos pude comprobar que sólo era ella la que parecía gozar, puesto que de la alcoba solo salían gemidos de mujer, entonces pensé que quizás sería ella misma que estuviera dándose placer, cosa que mi propia imaginación me hizo creer y que había llegado a aparecer en una inmejorable ocasión, por lo que guiado por mi inconsciente manera de proceder, en un santiamén me despojé de mi ropa y quedé desnudo para aprovechar momento tan oportuno, pero cual fue mi desilusión cuando abrí la puerta de la habitación y pude comprobar que las que gozaba no era una, sino dos, “siento interrumpir tan acalorada discusión”, fue lo único que se me ocurrió decir al verlas mordiéndose los labios con apasionada desesperación. Se ve que no me oyeron, porque no detuvieron el inmenso revolcón que tan acaloradamente se daban sobre el colchón

Así que cerré la puerta de golpe y volví a entrar, esta vez, sí, al oírme llegar, interrumpieron su agitado bienestar y asombradas me miraron, yo me quedé atónito mirando los cuatro ojos sin saber qué hacer, debieron ver mi cara asombrada, porque sin decir una palabra me hicieron gestos para que pasara, pero yo no salía de mi estupefacción y no pude más que decir “volveré si eso en mejor ocasión

Cerré la puerta y me vestí, no supe si preparar un chocolate caliente y esperar, o irme y la próxima vez, antes de venir llamar. Eso me pasa por llegar sin avisar. Al final decidí esperar y preparar el chocolate. Cuando pensé que ya habían dejado de jadear, les llevé a la cama en una bandeja dos tazas humeantes, unas pastitas y una flor dibujada en un papel, lo cual agradecieron y lo tomaron con suma avidez, parece que rápidamente repusieron sus fuerzas y de nuevo me propusieron participar con ellas en su acalorada discusión, pero no estaba yo muy entusiasmado con la idea y además tenía cosas que hacer, así que me disculpé, recogí las tacitas y la flor dibujada en el papel y me despedí con una reverencia y con un “señoras... a sus pies”, y es que en cualquier circunstancia prefiero seguir siendo un caballero que un individuo descortés

JM Paredes

23. Mi vida como Gigoló

Entré en este mundo por una casualidad que parece inverosímil, fue a causa de la burbuja inmobiliaria. Durante años he trabajado en la construcción, mi oficio es encofrador, mi vida era sencilla, rutinaria, me levantaba temprano, tomaba una barrecha en el bar, una acalorada discusión de fútbol o de política con los compañeros antes de llegar a la obra. Duros días de trabajo, frío, calor, corrientes de aire, la piel curtida por el sol, las manos agrietadas por el frío, a media mañana un bocata de lomo con pimientos con unos tragos de vino, un carajillo, un purito rosli, otra discusión de fútbol, unas miradas al trasero de las transeúntes y así transcurría un año tras otro

Un buen día, a primera hora, todavía con el estómago revuelto por la barrecha, se presenta el encargado y a medio grito dice: "Estamos todos en la puta calle", así, de sopetón, sin preparación previa, este tío no ha aprendido las técnicas de empezar las malas noticias con rumores. Pues nada, “a tomar por culo”, ahí se queda el martillo, los clavos, la sierra y “la madre que os parió, cabrones", bueno, las respuestas están suavizadas para no herir la sensibilidad de los lectores

Era viernes y como tal por las tardes nos vemos los amigos del barrio para tomar unas cervezas en el bar del Pepe y discutir de fútbol, de política, y de todas esas cosas que dominamos los currantes, en fin, que les digo la noticia: “Hoy me han puesto en la puta calle”, “¿y que vas a hacer?, pagando la hipoteca tendrás que hacer algo", pues sí, en plan de broma les digo, “me voy a meter a Gigoló”. Y así se quedó la cosa. Pero los colegas por la noche en casa lo comentaron con sus mujeres, “que al José lo han echado a la puta calle y dice que se va a meter a Gigoló”, y éstas a la mañana siguiente lo comentaron en el mercado, la peluquería, etc.. etc... y así fue extendiéndose como la pólvora, de boca en boca por todo el barrio, “José se ha metido a gigoló”, y esos rumores cuando empiezan a correr, no hay quien los pare

No pasaron ni dos días que empecé a recibir llamadas, ¿pero quién les ha dado mi número?, pensé, que sé yo, que más da, lo cierto es que llamaban reclamando mis servicios. Yo no doy un paso sin consultarlo con mi mujer, así que le explico lo sucedido y le digo, “pues esto es lo que hay, ¿qué hago?”, esperando que mi sinceridad aminorara la incuestionable bronca, pero no, me dijo “oye mira, el trabajo es el trabajo, y la hipoteca no espera”, vamos que no lo podía creer

Y así fue como empezó todo, en pocas semanas atendía peticiones de todos los rincones del barrio, eso sí, restrinjo el área de acción al barrio, no me da la gana coger el metro, así que los desplazamientos a pie, con el bocata bajo el brazo y tranquilidad me dirijo a los sitios, saludando a la gente del barrio, parándome aquí y allá en ratitos de charla, sin prisas, a mi hora hago una pausa, me meto en un bar y me como el bocata con una mediana, después un carajillo

Los primeros días, mi mujer repartía tarjetas en el mercado, en la peluquería, incluso puso algún papelito pegado en la frutería y en la panadería, hasta al de la ONCE se lo tenía dicho por si alguien preguntaba, como es un sitio tan concurrido. Pero a las dos semanas ya se tuvo que retirar toda la campaña de marketing porque lo cierto es que ya no daba abasto, de eso hace ya un par de años

Y así estoy, de freelance como dicen ahora, yo prefiero decir que soy autónomo que al fin y al cabo es más español. No es mal negocio si conoces tus limitaciones y ya sabemos el dicho “el que mucho abarca poco aprieta

Además es un negocio en que la inversión es pequeña, los potingues de metrosexual no son muy aceptados, como mínimo en el barrio, gusta más el tema de la piel curtida por las inclemencias del tiempo y las manos ásperas por el uso de las herramientas de la obra y el hormigón, la verdad es que, al menos en el barrio, causa furor. Es verdad que me he tenido que comprar un traje de bombero, eso se lleva mucho, hay que ver la fijación que se tiene por el cuerpo de bomberos, yo les pregunto a las clientas, “¿por qué esta fijación?”, y no saben responder, dicen, “no sé, pero es que es ver el casco y los pantalones metidos por dentro de las botas y me sale humo por las orejas“, yo siempre había pensado que era por lo de la manguera, pero, no, no es el caso y ya ves, triunfar en éste negocio tampoco es cuestión de manguera, (espero no sean necesarias más explicaciones en éste sentido), no sé, saber escuchar, mimitos, caricias, despertar un cierto instinto protector, qué se yo, dar unos cuantos tiritones cuando te rozan, eso ayuda mucho

Lo del butano también tiene su éxito, no sé si será el color, lo dura que está la bombona, no sé y la verdad ni he preguntado, lo cierto es que a pesar de tener gas ciudad, tengo una bombona de butano en la galería que me llevo de vez en cuando, el otro día, mi madre estuvo en casa y me preguntó qué hacía una bombona de butano en la galería si tenía gas ciudad, le tuve que poner una excusa tonta de la que no quedó muy convencida, a las madres más vale no decirles que te dedicas a este tipo de negocios, sin embargo mi padre está el hombre muy orgulloso, en su día también corrió la voz entre sus amistades, pero tuve que decirle: “Papá, mejor no le digas nada a tus conocidos, que son gente muy mayor”, la verdad es que tuve que poner una edad máxima de atención al cliente, hay límites que no hay que sobrepasar

El día del Barça-Madrid tampoco hago servicios, algunas cosas son sagradas, pero tengo una clienta que el día que dan al Atlhetic por la tele no le puedo fallar, se pone la tele con el partido a los pies de la cama y su entusiasmo es proporcional a como juega su equipo, cuando marca un gol le temo, suerte que no es un equipo muy goleador, que si no, tendría que pedir la baja. En la media parte hacemos un receso y tomamos un café con leche y unas magdalenas, cuando el árbitro pita el comienzo de la segunda parte, empezamos nosotros también, yo rezando porque no marque o porque no le piten un penalti en contra, ya en el tiempo de descuento me hace vestir rápido y me apresura a que me vaya, el marido va a ver el partido al bar de la esquina y no tarda en llegar, más de una vez me lo he cruzado en la portería nos hemos intercambiado un saludo, “buenas tardes”, “buenas tardes”, yo muchas veces le digo: “Hortensia, cualquier día de éstos nos pilla tu marido y va a dejar de saludarme, que lo conozco de toda la vida”, ella se encoge de hombros y se pone a ver la repetición de las jugadas

Hay quien piensa que es un negocio que te permite tener un Rolex, un Porsche, una casa con piscina, en fin una vida de lujo y buenos hoteles, para nada, al menos mi barrio no da para mucho, es casi más una labor social que un negocio bien remunerado, lo mejor de todo es la popularidad, eso sí que no tiene precio, cuando los miércoles, que libro, voy al mercado, todo son saludos y sonrisitas, complace saberse querido en el barrio

Aún así es un trabajo más duro de lo que imaginaba, hay que estar dispuesto a todas horas y cumplir con las expectativas en todo momento, en el barrio a pesar que la gente es sencilla, exige que el trabajo se haga bien hecho y uno debe mantener la reputación a su nivel adecuado

Yo, por mi parte estoy un poco agotado, sólo espero ver si se soluciona el tema de la crisis y puedo volver a los andamios, que ya echo de menos el aire fresco de las mañanas, la calidez del sol del medio día y volver a mirar el culo de las señoras al pasar junto a la obra y decirles “mira que estás guapa esta mañana

JM Paredes